Por pasos

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Por pasos

Primero explicaremos brevemente de qué vamos a hablar, y al mismo tiempo cuál es el objetivo principal que proponemos, de esta manera sabremos qué estamos leyendo y para qué.

Resumiendo, vamos a aprender a reconocer nuestras emociones en el mismo momento en el que estas se manifiestan. El objetivo principal será poder gestionarlas y de este modo seremos capaces de, por ejemplo, poco a poco reducir y controlar la ira, o saber cómo reaccionar en un estado de tristeza o miedo, y con tiempo y unas pautas sencillas podremos experimentar una serie de avances positivos que acabaremos haciendo de manera intuitiva. Se suele decir que cuando hacemos algún tipo de cambio, o creamos un nuevo hábito, nuestro cerebro tarda aproximadamente 21 días en pasar de “forzar” este cambio conscientemente a hacerlo de forma rutinaria sin que debamos esforzarnos demasiado, en nuestro caso, simplemente deberemos ser conscientes de lo que sentimos. Evidentemente 21 días es una cifra es aproximada y dependerá de muchos factores.

Hoy en día casi todo tiene nombre, si recogemos todos los estudios del siglo XX y XXI sobre las emociones y la psicología, el cerebro y todos los temas relacionados, veremos que todos y cada uno de ellos tiene un nombre, la teoría de tal el procedimiento de cual… De hecho alguien que lea todo lo que sigue y tenga algún conocimiento previo podría decir que esto está basado en la reestructuración cognitiva y terapia cognitivo-conductual, o vete tú a saber, pero no se trata de marear a nadie con conceptos y nombres complicados, sino de todo lo contrario. El objetivo como decimos, es reunir ciertos conocimientos prácticos y aplicar conductas que cualquiera pueda entender, y lo más importante, que quien siga las pautas sepa por qué hace las cosas. De nada sirve ponerle nombre a cualquier conocimiento ni conocer multitud de terapias, teorías o procedimientos si después no se saben aplicar.

Al final nuestro cerebro se adapta a lo que nos propongamos, aunque siempre existe la inevitable lucha contra el tiempo, la inevitable impaciencia, el ansia de conseguir algo de la forma más rápida posible. ¿A quién no le gustaría poder pintar un cuadro sin tener que estar años aprendiendo y practicando, o tocar el piano, o…?

Todo esto dependerá exclusivamente de nosotros, los resultados serán proporcionales a nuestra voluntad y paciencia. Aquí no existen curaciones milagrosas ni pastillas mágicas, sólo existe el esfuerzo personal y la perseverancia, tampoco pretendemos que esta información sustituya a ningún tipo de tratamiento de cualquier índole. Lo que queremos conseguir es que la persona que siga y termine este proceso, evolucione y logre sacar lo mejor de su potencial interior, y que este mejore su calidad de vida así como su percepción de las cosas.

Primero, abrir la mente

Tenemos que ser lo más realistas posible respecto a nosotros mismos. Somos seres racionales, esto significa que pensamos, y en ocasiones más de lo que quisiéramos. Y aunque todos tenemos nuestra parte buena y nuestra parte mala, en nuestro interior cada uno de nosotros sabemos cómo somos realmente, lógicamente siempre queremos enseñar sólo nuestra parte buena, todos tenemos nuestros secretos íntimos. Pero lo importante no es si pensamos que somos más buenos que malos o al revés, lo realmente importante es que lo sepamos y nos aceptemos tal y cómo somos.

También debemos ser realistas con la vida como base de la existencia, la vida no es mala ni buena, blanca o negra, ni siquiera es del color que nosotros queramos pintarla, la vida sigue su curso. Las cosas pasan, y lo que ha pasado no se puede cambiar, sólo se puede aprender de ello. Podríamos improvisar un ejemplo teórico, “no hay buen tiempo o mal tiempo, simplemente nos podemos sentir más a gusto con el frío que con el calor, o a la inversa, podemos pasarlo mal cuando llueve si nos mojamos, o disfrutar mirando la lluvia desde una ventana, pero sea como sea el tiempo no es bueno ni malo todo depende del momento y la situación”.

La mayoría de nosotros, de forma inconsciente, tenemos la certeza de que un problema difícil requiere una solución complicada, o que un problema que dura mucho tiempo puede necesitar mucho tiempo para solucionarse.

No tiene por qué ser así, proponemos que “mentalmente” compliquemos cualquier problema más de lo que lo haríamos de forma habitual, de esta forma tendremos más opciones de encontrar la solución más sencilla, a esto lo podríamos llamar pensamiento lateral. Con todo esto queremos decir que para nuestro propósito aquí, utilizaremos soluciones sencillas.

Realmente sólo podemos solucionar algo si entendemos cómo funciona, así de simple. Igual que un coche averiado lo llevaremos al mecánico, ya que es él quien sabe cómo funciona por dentro, y por lo tanto sabe qué se ha estropeado y cómo arreglarlo. En realidad seriamos nuestros mejores psicólogos, ya que ¿Quién nos conoce mejor que nosotros mismos?

Con esto no estamos insinuando que nos convirtamos en psicólogos o psiquiatras, lo que queremos decir es que debemos ser conscientes de que está en nuestras manos cambiar y mejorar nuestro estado emocional. No hay que ser mecánico para poder comprobar la presión de los neumáticos.

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